• Universidad de Magallanes

REFLEXIONES DE UNA MOVILIZACIÓN


Juan Oyarzo | Rector Universidad de Magallanes

Hace algunas semanas, justo antes de una entrevista, un periodista bromeó preguntándome por qué no poníamos en el calendario académico las movilizaciones estudiantiles del mes de junio. El comentario nos hizo hablar de lo acontecido los últimos años, no sólo en Magallanes, sino en el resto de Chile; de la enorme coincidencia de que siempre a fines de mayo y principios de junio, se genere esta situación.

Inevitable recordar lo que eran las movilizaciones de la década del ’60, cuando nuestro país vivía una transición administrativa, social, política y, cómo no, académica también. Era un movimiento mundial impulsado por la protesta estudiantil que apoyaron profesores y funcionarios, en pos de la autonomía universitaria, la libertad de cátedra, la asistencia libre, los programas interdisciplinarios y la participación de la juventud. Inevitable también relacionarlo con los movimientos iniciados en 2006 por parte de la revolución pingüina, que fue adquiriendo matices universitarios hasta llegar al corolario de lo que fue 2011, pues había en el fondo una motivación de justicia, y un diagnóstico ineludible acerca de cómo se mercantilizó la educación, endeudando a tantas familias chilenas por el solo hecho de aspirar a la movilidad social de sus hijos por mérito, estudio y trabajo.

La desigualdad social, la necesidad de democratización y el compromiso de desarrollo del país y de la formación académica, son temas inspiradores porque responden a una motivación ciudadana de mejora, que implica exigencias y auto exigencias por parte de todos. Pero estos grandes ideales parecen haberse ido diluyendo en el tiempo, y perdiendo su sustento, porque ahora no es el perfeccionamiento académico o la libertad de cátedra lo que nos ocupa y preocupa, sino la falta de pavimento, las incomodidades en la infraestructura y otros aspectos más materiales.

Sin duda, son aspectos que ameritan nuestra atención. Y la tienen. Hemos avanzado en nuestro campus, desde que apenas teníamos una construcción a lo que tenemos hoy, y todo eso lo hemos hecho con mucha gestión y paciencia de todos quienes estudian y trabajan en el lugar, porque ya es sabido que el Estado no nos entrega los fondos basales necesarios para que lo hagamos con la holgura que algunos esperan. Pero, claramente, son motivos propios de un modelo de vida neoliberal, que no permiten un diálogo de nivel superior al de lo administrativo.

Algunos me echan de menos diciendo “Se busca”. Yo respondo que siempre he estado aquí, abierto al diálogo y que, de hecho, he invitado a dirigentes estudiantiles salientes y entrantes a conversar; les hemos mostrado los avances en el petitorio del año pasado; hemos acordado formas de trabajar juntos durante 2017, y hemos discutido también su presupuesto como organización estudiantil. Por eso cabe preguntarse cómo se ha llegado a esta efervescencia, a esta situación en que un pequeño grupo anestesia a todo el resto, alejándolo de sus metas formativas. Cómo un movimiento de 40 personas logra convocar a mil que deciden tomar una universidad, comprometiendo a más de 3 mil que no reaccionan públicamente ni se organizan para defender su posición. Acá está en juego la organización. Ojalá los padres y las familias puedan aquilatar estas reflexiones, pues estamos todos afectados.

comunicaciones@umag.cl


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