• Universidad de Magallanes

El riesgo interno en la exportación



Marco Antonio Barticevic Sapunar // Centro de Estudios Regionales Universidad de Magallanes

Generalmente, cuando se habla de los riesgos en el proceso de exportación, nos referimos al desconocimiento de los mercados externos y de los métodos de promoción en ellos, a los riesgos financieros, especialmente de cobranza, a problemas de tipo legal y político en el país de destino o al problema del tipo de cambio, entre otros.

Sin embargo, existe un riesgo interno, en la empresa exportadora, en la empresa productora/exportadora o en la cadena de exportación, que es tan importante como los descritos anteriormente. Son riesgos puntuales que pueden impedir, en determinado momento, que la actividad exportadora fluya en forma normal, debido a trabas que aparecen. Para una muestra, tres ejemplos.

Desde el punto de vista del transporte, si exportamos productos que requieren de una cadena de frío, puede ser que nuestro transportador tenga para el desplazamiento entre la fábrica o almacén de procesamiento sólo un camión que cumpla con los requisitos para evitar un corte en esta cadena. Una simple falla mecánica o en su sistema frigorífico, puede detener la exportación, aplazar los envíos al extranjero hasta la llegada de un nuevo navío o de un nuevo avión. Recordemos que una buena parte de las exportaciones regionales son de pescados, mariscos, productos cárneos y vegetales, los cuales requieren temperaturas controladas.

Un segundo ejemplo es el de la mano de obra calificada. Es sabido que la región tiene una falta estructural de mano de obra en varias profesiones. Supongamos que estamos exportando productos y que la empresa necesita de un soldador calificado y que esta persona decide rescindir el contrato o sufre un accidente que no le permite trabajar. Esto puede convertirse en un problema bastante grande, hasta el punto de parar la producción destinada a la exportación.

Por último, también debe ser de nuestro cuidado el abastecimiento, ya sea directo o a través de otros proveedores, de ciertas materias primas, de embalaje o repuestos para la maquinaria, como que el proveedor de las cajas donde empaquetamos nuestro producto se quede sin cartón.

Los casos indicados más arriba son importantes no sólo para los productos destinados a la exportación, sino que para cualquiera rama de la producción. Sin embargo, dado el aislamiento y la distancia de Magallanes respecto al destino exportador, donde el transporte hacia los centros de consumo no es diario, ni muchas veces siquiera semanal, la situación es mucho más complicada.

Puede llevar a entregas tardías e irregulares, a una falta de competitividad y, finalmente, a la pérdida de mercados. Porque, seamos claros, al importador o al cliente no solamente le interesa el precio que está pagando, sino también que pueda recibir los productos en forma constante, regular, ya que a su vez él debe afrontar los mismos problemas de competitividad con otros vendedores en su país. Otros proveedores, aunque sean más caros en los productos que ofrecen, siendo de calidad similar o incluso un poco menor, se adueñarán de nuestro mercado.

Es por eso que se hace necesario que todo exportador concentre en una matriz los puntos débiles de la cadena, que le pueden llevar a los problemas descritos más arriba. Una vez encontrados, listados y graduados, podrá buscar posibles soluciones, tener un plan alternativo. No se trata de entrar en pánico y tener un reemplazo o un repuesto para cada cosa, pero sí, tener conciencia dónde pueden surgir los problemas y cómo solucionarlos. El monitoreo constante, una vez más, es la clave.

#Institución #Investigación #Educación

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