• Universidad de Magallanes

Escribir en el Territorio


Óscar Barrientos |

Jefe Pedagogía en Castellano y Comunicación

Universidad de Magallanes


Mucho se ha hablado de los puentes que unen el habitar con el crear. También es innegable que todo creador manifiesta una relación crítica, contradictoria y, a la vez, cercana con su entorno. De esta manera, los escritores que habitan Magallanes están marcados a fuego, no sólo por el influjo de los elementos, sino también por su dimensión humana, el ritmo acompasado de sus días y sus crepúsculos incendiados.

También nuestro territorio ha sido un espacio de fascinación para quienes jamás pusieron un pie en estas lejanías; desde las novelas de aventuras y anticipación de Julio Verne y Emilio Salgari, que tienen como protagonistas, en algunas ocasiones, la Antártica, la Patagonia y el estrecho de Magallanes.

Grandes escritores, no oriundos de la región austral, viajaron hasta nuestro espacio, y dedicaron capítulos importantes de su imaginario. Es indudable que la literatura naviera y épica de Francisco Coloane constituye una parte importante de ese aserto, y en sus páginas vemos a los fareros perdidos en medio de la tempestad; a personajes anónimos de mar y tierra que, probablemente, comenzaron a existir en la conciencia nacional, a través de la prosa de este hombre que compartimos con la isla de Chiloé.

Gabriela Mistral escribe Desolación cuando viaja en 1918 a hacerse cargo del Liceo de Niñas, y en sus versos traduce la sensación de distancia infinita, pero, de igual manera, representa el contorno humano, la aparición de un mundo que se inicia, que se funda en medio de la nada, y allí radica también el corazón de la tristeza: “La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde / me ha arrojado la mar en su ola de salmuera/ La tierra a la que vine no tiene primavera:/ tiene su noche larga que cual madre me esconde”. Creemos que el pensamiento de esta mujer excepcional se ensancha en el tiempo, y se abre cada vez más para los magallánicos.

Uno de los libros póstumos de Pablo Neruda se titula La Espada Encendida, e imagina un apocalipsis en la Patagonia donde sobrevive una pareja primigenia llamados Rodho y Rossía: “Los dos amantes interrogaban la tierra: ella con ojos que heredó del ciervo: él con los pies que gastó en los caminos”.

Menos rememorados son el paso de José Donoso trabajando en una estancia austral, y la historia del poema Cementerio de Punta Arenas de Enrique Lihn. El hecho es que muchos escritores han visto en nuestro espacio cotidiano, el manantial de donde surgen poemas, relatos, configuraciones. Quienes escribimos, nos sentimos muy modestos herederos de esas páginas pretéritas.

Por ello es menester rendir un homenaje a muchos escritores que han salido de Magallanes, así como también a los que forjan su escritura desde el propio territorio, entre los que podríamos nombrar a Rolando Cárdenas, Marino Muñoz Lagos, Juan Pablo Riveros, Ramón Díaz Eterovic, Juan Mihovilovic, Pavel Oyarzún, sólo por citar a algunos. Y, por cierto, al poeta Christian Formoso, a quien felicitamos por su reciente ingreso a la Academia Chilena de la Lengua.

Todos, sin excepción, reconocen en este confín algo que transitará por la conciencia de un lector preciso, y abrirá nuestro territorio a la belleza y la reflexión.

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